Entrevista a Remedios Zafra

PTQK

Comenzamos este serie de encuentros online con Remedios Zafra, docente, comisaria, autora de ensayo y poesía e investigadora cuyos trabajos se orientan a la confluencia entre género, arte y tecnología.

Remedios Zafra es directora de la revista Mujer y Cultura Visual y autora de Netianas. N(h)acer mujer en Internet (Premio Nacional de Ensayo Caja Madrid 2004), Habitar en (punto) net. Estudios sobre Mujer, Educación e Internet, Las Cartas Rotas. Espacios de igualdad y feminización en Internet, Habitaciones Amarillas y Lo mejor (no) es que te vayas (Premio Literario “Mujeres del medio rural y Pesquero” del Ministerio de Agricultura).

Entre sus proyectos de comisariado destacan la exposición de net.art “Violencia sin Cuerpos” y Habitar a (punto)net.

Hablamos con ella de la relación entre ciencia y feminismo, de la actualidad de Netianas. N(h)acer mujer en Internet (Entrevista a Remedios Zafra a propósito de Netianas) cuatro años después de su publicación y del papel de la cultura visual en la perpetuación de lenguajes y códigos patriarcales.

1. La ciencia se considera generalmente como un ámbito de saber neutro, tanto desde un punto de vista político como social. Pero desde diversos frentes, históricamente, se ha cuestionado la objetividad de la ciencia. ¿Qué lectura podemos hacer de la historia de la ciencia desde un punto de vista feminista?

El feminismo ha sido muy crítico con esta presupuesta neutralidad de la ciencia y ha denunciado que tras ella se esconde una clara parcialidad no exenta de consecuencias. Estas presunciones de imparcialidad y también de objetividad han sido instrumentos en manos del poder para legitimar un tipo de saber “valioso” frente a otro infravalorado (y feminizado). Un manejo que culmina en la creación de una hegemonía de prestigio –masculina- que por mucho tiempo excluyó a las mujeres de la ciencia.

Es un asunto delicado pues socialmente necesitamos confiar en la pretensión de neutralidad de la ciencia como garantía de estabilidad y progreso social, es decir creer que no todo es arbitrario ni tendencioso. Sin embargo, la neutralidad usada políticamente ni es un valor absoluto ni es inocente y se ha apoyado en estructuras ya viciadas. En dicho sistema la ciencia no sólo se ha posicionado como lugar del saber, sino también como lugar de poder, especialmente en épocas donde se otorga máxima credibilidad y valor a lo refrendado por la razón. El problema es que durante mucho tiempo los hombres se apropiaron de la razón como algo que les era propio, alimentando mitos que reducían a la mujer a la naturaleza, la reproducción y el cuerpo, frente al hombre identificado con la producción, la cultura, la tecnología y por supuesto la ciencia, relaciones que de muchas maneras aún perviven. Claro que estas vinculaciones tienen una historia profunda detrás y que culturalmente hunden sus raíces en los modos de producción, en la división del trabajo y en otras coyunturas, pero en tanto culturales son asignaciones que también podemos desmontar y esto comienza cuestionando su parcialidad.

Creo que la historia de la ciencia (su pasado) evidencia que ha sido una historia del poder y el prestigio masculino desde la preeminencia de la razón, donde la exclusión de las mujeres no se basa en falta de interés ni mucho menos en incapacidad, sino en una estructura condicionada por diversos mecanismos de exclusión internos y externos al contexto científico y tecnológico. Eulalia Pérez Sedeño resume muy bien estos hándicaps ideológicos, institucionales e implícitos en su trabajo sobre Ciencia, Género y Tecnología.

En este sentido y a mi modo de ver, desde el feminismo se reivindica una historia de la ciencia plural y en construcción, donde no nos vale la historia ortodoxa, posiblemente a muchas feministas tampoco les valga el propio concepto de “historia” que parte de una selección de lo ocurrido por quienes tienen una posición privilegiada para contarlo, es decir una reconstrucción inventada desde la tradición (¿cuántas historias de mujeres se han quedado a la sombra de los “grandes hombres”, en el descrédito de lo “hecho por mujer” o en el anonimato?). Muchas investigadoras e investigadores feministas se enfrentan a estas historias resignificando preguntas, por caminos nuevos que les permitan ver las cosas de otra manera, habitualmente para indagar y visibilizar esas formas de exclusión, y también para “recuperar” el trabajo de mujeres en la ciencia y la tecnología. En mi opinión ésta ha sido una tarea fundamental y necesaria, que rebasa los límites de la ciencia para indagar en las formas de construcción de los géneros culturalmente.

Es una labor aún muy presente para el feminismo y hay que destacar que los logros en las últimas décadas son relevantes (me permito ser optimista). Pienso que actualmente la visibilización de estos mecanismos de excusión ha incentivado acciones y estudios que pretenden enfrentar estas trampas de exclusión, y en muchos casos las condiciones ya están cambiando e incluso en algunos contextos favorecen más a las mujeres (como estrategia de discriminación positiva). Sin embargo creo que todo esto es aún muy frágil y precisa tiempo de asentamiento y también de reflexión (superar lo “políticamente correcto” como algo falto de convicción).


¿Existe una relación entre el racionalismo como paradigma de pensamiento y la organización patriarcal de la sociedad?

Sí, claro, existe relación “histórica”, pero también la hay (conceptual e histórica) entre racionalismo y feminismo. Quiero decir que este paradigma entendido como primacía de la razón nos llevaría a hablar de emancipación e igualdad de derechos y ahí están nuestras vindicaciones. De hecho, los estudios feministas coinciden en que son los periodos de ilustración y reivindicación social los momentos en que el feminismo ha adquirido mayor fuerza, puesto que todo posicionamiento crítico sobre lo que somos y podemos ser precisa planteamientos ilustrados (aquellos que afirman la libertad e igualdad universal de derechos apoyándose en el raciocinio). Sin embargo “históricamente” la razón ha sido manipulada por el poder androcéntrico como vimos en la Ilustración que se definía en términos universalistas y se aplicaba en términos restrictivos (discriminando a las mujeres).

Por tanto si habláramos de un “érase una vez” el patriarcado, aunque los nodos variarían en función del enfoque, sin duda para el feminismo occidental uno de ellos estaría en nuestra Ilustración. Este fue un momento crucial para la supremacía de la razón que se volvió incoherente por su apropiación tendenciosa por parte de los hombres, valiéndose de ella para excluir a las mujeres de sus derechos como ciudadanas. No deja de resultar curioso que la razón se empleara para irracionalizar a las mujeres (“predestinadas para ser madres y esposas”) y reforzar un sistema de desigualdad.

Otras miradas, como la antropológica materialista situarían la organización patriarcal en el momento en que empieza a haber propiedad y control sobre los modos de producción, en consecuencia mayor estratificación social. Entonces hablaríamos de organizaciones patriarcales y supremacía masculina (en este caso no movidas por la razón ilustrada). Para algunos/as materialistas culturales el predominio de la violencia como “valor” que ejercían mayoritariamente los hombres para defender esta organización determinaba esta supremacía patriarcal. En este caso primaría no una razón que atiende a la igualdad sino que se apoya en la desigualdad y en el poder de unos sobre otros.

No obstante, hay similitudes y tanto cuando el valor es la razón ilustrada -maquillada interesadamente por el androcentrismo- como cuando el valor es la violencia bajo una hegemonía de la razón de unos pocos, creo que estamos hablando de sistemas de prestigio que son utilizados para establecer una escala de valor donde lo hecho por mujer ha estado excluido o en una escala inferior, es decir, constituido en un contexto patriarcal.


2. ¿Puedes resumirnos las ideas que desarrollabas en Netianas?

Podría decirte que: “Las netianas se dividen en (a) pertenecientes a Microsoft, (b) latentes, (c) inventadas, (d) prosopon, (e) cyborgs, (f) «fabulosas», (g) sujetos Google, (h) incluidas en esta clasificación, (i) chateadoras compulsivas, (j) incontables, (k) descritas mediante letra times new roman, (l) etcétera, (m) que acaban de entrar en Silicon Valley, (n) que viven lo que una mosca…” Y podría hablarte como netiana tomándome con más ironía estas cosas del feminismo y la red que tanto nos importan, gustan y que también nos duelen. Pero confieso que mi cariño hacia ellas -a las que con frecuencia imagino como seres que pululan por mi ordenador cuando no como nosotras las ciberfeministas- y el enriquecedor feedback que he recibido del libro por parte de muchas mujeres (netianas) me harían hablar sólo desde el afecto. Seguramente esto no es baladí, de hecho me parece mucho más interesante en una obra suscitar las condiciones para que otros intercambios e ideas tengan lugar, que contar una historia donde todo está dicho. Esto, en cierta forma, pasa en Netianas y creo que para algunas lectoras ha sido un acicate en su trabajo ciberfeminista (aunque esto es más una intuición y un deseo). No obstante, intentaré concretar de manera resumida su contenido y propósito:

Mi intención en Netianas fue sugerir diferentes propuestas de reflexión crítica a partir de un doble discurso sobre cómo se “n(h)ace mujer en Internet” (si es que en un medio donde el cuerpo queda aplazado detrás de la pantalla en la relación intersubjetiva es todavía preciso hablar de género -que, según yo creo, si lo es-). Ese doble discurso estaría constituido por lo escrito y por la forma de lo escrito.

-En lo escrito quise apuntar las condiciones que marca Internet para la identidad (“lo que la sociedad hace con nosotros”) y para la subjetividad (“lo que nosotros hacemos con lo que la sociedad hace con nosotros”, una lúcida definición de subjetividad de Celia Amorós citando a Sartre) desde una lectura feminista. Claro que en estas condiciones que sugieren una subjetividad post-corpórea y relaciones desjerarquizadas no todo es nuevo y reconocemos viejos mecanismos patriarcales disfrazados de novedad, así como nuevas formas de jerarquización camufladas bajo la presunción de horizontalidad (red). Sobre esas estructuras que afectan a lo que como mujeres somos y a lo que podemos ser en la red reflexionan las netianas.

-En la forma de lo escrito hay una clara inspiración en el mito cyborg de Donna Haraway y en el sujeto nómade de Braidotti. El texto se apoya en la construcción de la ficción netianas que se presenta sin complejos como un invento pero apoyado en lo simbólico, es decir como un mito político-poético que mira al futuro pero con una carga de pasado a sus espaldas. En dicho juego, las netianas se presentan y hablan de sí mismas a partir de unas categorías aparentemente ridículas que desvelan la arbitrariedad de su intento de clasificación, y les sirven de excusa para hablar de sus temores y deseos en la red. De hecho, la estructura del libro -incluso definido por la industria (editorial e institucional) que lo promociona como ensayo- tiene mucho de juego artístico y literario. Creo que advertir de la parte imaginaria que tiene el mito le otorga poder político, y permite extrapolarlo a otros contextos en los que desmontar consideraciones esencialistas sobre lo que somos. También permite más libertad para hablar, pues las netianas funcionan como una máscara que nos facilita tratar temas que nos confunden y duelen, con críticas punzantes pero también con sonrisas.

Es una obra reciente pero ahora las transformaciones se producen a mucha velocidad ¿Crees que ha habido alguna evolución desde entonces?

Terminé netianas en el 2004 y sí, creo que en estos años ha habido cambios, pero no tanto en la relación de las mujeres con Internet. En ese sentido creo que lo dicho por las netianas sigue teniendo vigencia y que las posibilidades y temores sugeridos en el texto siguen activos, incluso en muchos casos aumentados (sólo habría que dar un vistazo a la escasa visibilidad de las mujeres en la blogosfera y en el trabajo de ciencia y tecnología no especializado en género), pero sí ha cambiado el medio. La mayor socialización de Internet y las nuevas dinámicas de participación y producción advierten de nuevas situaciones y, en mi opinión, uno de los asuntos más cruciales es la masculinización de los sistemas de prestigio digitales. Es llamativo que la mayoría de mujeres que realizan un trabajo activo en la red y sobre la red lo hacen desde una perspectiva de género pero que sin embargo no se logra trascender a otros contextos (demos un vistazo a los eventos sobre web 2.0 o a “los” líderes de opinión de la blogosfera). Pienso que la especialización en tecnología y género precisa de una urgente transversalización para evitar caer en la endogamia y tener eficacia política real.

Tengo la sensación de que la velocidad de la red y del aforístico e invasivo discurso “post” que hoy caracteriza Internet (“decirlo todo en unas líneas o en vídeos de 1 minuto”) puede ser una singularidad de la comunicación digital contemporánea pero, aun suscitando inteligentes e ingeniosas formas del discurso, no nos facilita las cosas, pues la velocidad tiende a asentar estereotipos y prejuicios, dificultando el tiempo de pensamiento y la reflexión necesarios para el cambio crítico y significativo.

¿Alguna tendencia de cambio (generacional o cultural)?

Mi impresión es que en los cambios generacionales podemos llevarnos sorpresas. A bote pronto advertimos que las generaciones más jóvenes son más igualitarias en el uso de Internet si nos limitamos a valorar los números, pero una observación más profunda nos lleva a comprobar que esto no se traduce en un cambio significativo y cualitativo, puesto que las tendencias de uso, representación y producción subjetiva tienden a ser cada vez más sexistas en la sociedad de consumo. Los modelos de la industria visual que se presentan como referentes para jóvenes y niños/as tendrían mucho que ver en esta tendencia y esto no es inocente, ya que se traduce en cadenas de condicionantes y exclusiones que terminan por ubicar a las chicas en trabajos tecnológicos de menos influencia y apartarlas del liderazgo.

Sin embargo, creo también hay sorpresas positivas en otro grupo generacional en el que sí se está produciendo un mayor acercamiento a Internet y a las tecnologías digitales en los últimos años, al menos en el territorio español y, por lo que yo más conozco, en Andalucía. Se trata de mujeres mayores de núcleos rurales. Animadas por la valiosísima labor de asociaciones de mujeres y por centros de formación de adultos, se está produciendo una clara diferenciación entre ellas y los varones de su contexto. El hecho de que mayoritariamente en los centros de educación adultos se matriculen mujeres (esta educación en núcleos rurales se considera algo feminizado y “poco varonil”) les sitúa por una vez en una posición preferente de acceso al saber, en este caso a la sociedad del conocimiento.

Personalmente me emociona comprobar cómo mujeres de generaciones particularmente maltratadas por la época en que crecieron –muchas incluso iletradas- se enfrentan con una increíble vocación por aprender, usar los ordenadores y tener presencia activa en la red (para que después hablen de tecnofobia femenina).

Sobre tendencias de cambio cultural en el ciberespacio, pienso que Internet mantiene la ambigüedad de visibilizar la diferencia (red en la que todos tienen voz) y de homogeneizar (como ente globalizador) allí donde llega. Aunque sigue “llegando” especialmente a lugares del eufemísticamente llamado “primer mundo” y la presencia de una diversidad cultural suele estar en gran medida condicionada por ellos. No obstante podemos apreciar activismos de género de otras culturas especialmente allí donde hay un importante (asentado o emergente) movimiento feminista y, en mi opinión, Latinoamérica está siendo un referente en ese sentido.

Otro de tus campos de investigación es la cultura visual que, sabemos, tiende a reforzar determinados estereotipos asociados a la imagen de las mujeres. Cuando pensamos en cómo subvertir esto ¿Es sólo una cuestión de “contenidos” o entran en juego otros factores, elementos que quedan fuera de un acercamiento”a primera vista” de lo visual? [Como la posición de quién mira, el modo en que se fabrican y consumen las imagenes… Pienso en la obra de Jo Spence, por ejemplo…]

No creo que sea una cuestión sólo de contenidos, ni siquiera de la “historia” de esos contenidos-imágenes, pienso que se trata más bien de un contexto donde entran en juego muchos factores, desde las estrategias de producción de las mismas a las formas de recepción. Es decir las “formas de mirar” e identificarnos en las imágenes y la intencionalidad con que esas imágenes se producen y reiteran. Las imágenes no se ven como entes aislados, sino que se identifican con aquello que ya conocemos (con nuestra propia historia), tienen una profunda carga simbólica y esto se asienta mediante la repetición. A fuerza de reiterar imágenes asociadas a valores se refuerzan estereotipos, se normalizan. Y si estos valores son patriarcales podemos imaginar cómo son las asociaciones que generan.

También es cierto que la repetición de imágenes que normaliza modelos de identidad está sometida cada vez más a la saturación, es decir a su velocidad (exceso característico de la cultura visual contemporánea). De manera que saturación y repetición acentúan la sensación de celeridad y tienden a reforzar ideas que ya estaban en nosotros (no hay tiempo para cuestionar). En ese sentido estoy de acuerdo con lo planteado por Bourdieu sobre que el tiempo frente a las imágenes propias de la cultura visual contemporánea -sobre todo de la televisión- aludiría más no a un saber, ni a una memoria presente y activa (más propia de la lectura y de algunas formas de navegación por la red), sino a emociones, identificaciones y proyecciones, es decir, aludiría más a pasado. Se produciría algo así como un fenómeno de intercambio de clichés, tópicos e “ideas preconcebidas”, las únicas que permiten la velocidad porque ya estaban en nosotros y resisten esa aceleración, ayudando por tanto a conformar identidades estereotipadas. Tal vez por eso la velocidad de los medios nos limiten a intercambios a menudo epidérmicos y banales.

Creo que lo inquietante de la red para la visualidad crítica es que en ella convergen diferentes formas de recepción visual y que en esa diversidad la reflexión crítica sí sería viable -lo que tú comentas como posibilidad subversiva- en tanto todavía podemos intervenir sobre nuestro tiempo y exceder el mero papel de espectadores perplejos ante la saturación y dóciles en la identificación simbólica.

Pienso que esto es un reto para todos, aunque sea el arte quien más lo lleva a la práctica. Por ello a menudo las obras se basan no en la imagen en sí sino en la visibilización de los mecanismos que permiten que “veamos” e interpretemos esa imagen. Me parece que una de las primordiales (sino la más) funciones del arte, sería el descubrimiento de lo que “la imagen esconde” y de su poder político, más si cabe para el feminismo. En ese sentido, el ejemplo de Jo Spence que sugieres sería muy bueno, tanto como artista feminista como activista y educadora comprometida en desvelar esos mecanismos de la visión, especialmente el “cómo se construye la imagen de la mujer”.


Remedios Zafra (febrero, 2008)

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